sábado, 3 de enero de 2009

Pan patapam

¿Qué está pasando con el pan?
El pan nuestro de cada día, el que ganamos con el sudor de la frente, el que nos dan con el circo para distraernos, el que se multiplicó junto a los peces. No os asustéis, no voy a leeros ninguna homilía ni la hoja parroquial de turno. Pero no me negaréis el carácter casi sagrado que el pan ha tenido tradicionalmente en nuestra vida y nuestra cultura. No en vano, fue en pan en lo que se convirtió el cuerpo de Cristo. Podría haber elegido jamón, o marisco, pero no lo hizo. Por algo sería.
Aparte de la religión, el pan forma parte también de nuestro saber popular. Dame pan y llámame tonto, contigo pan y cebolla, las manos van al pan, al pan pan, y al vino vino; con pan y vino se anda el camino. Y es que pan y vino siempre han hecho buenas migas, y no sólo cuando van a misa…
Hablando de migas. Ahora le quitamos la corteza al pan de molde y la miga al pan de barra. Curioso. Al final terminamos comiendo lo mismo, o sea, corteza y miga, aunque por separado. ¿Qué demonios nos creemos?
Me cago en los dietistas posmodernos, hombre. Resulta que de repente no se puede comer pan, fuera de todas las dietas, la vida sana, la eterna juventud y la plenitud sexual dependen de repudiar a nuestro panadero. Se acabó el bocata del recreo, el del trabajo, el del intermedio del fútbol, el bocata de tortilla con pimientos de la excursión al campo… Se acabó la hora del bocata, vamos. En toda su extensión.
Pues nada, a seguir la moda. La excéntrica y dudosa moda de la dieta a medida. Mi endocrino me ha dicho que puedo comerme un cabrito asado entero siempre y cuando no me coma después una nuez. Lo mejor de todo es que, si me como la nuez antes, no pasa nada. Es decir, lo que engorda es la nuez. Raro, pero aceptable. Pero, ¿y si después de la nuez engullo el cabrito acompañado de pan? Ah, no. Nunca jamás. Vade retro. El pan, ni olerlo. Pues vaya.
Lo cachondo del tema es que cada vez hay más clases distintas de pan. Cuando yo era niño, mi madre me mandaba a comprar el pan y sólo había dos opciones: el de pagés para las tostadas y el de barra para todo lo demás. Después inventaron el pan Bimbo, pero éste era como el pan de los domingos, por así decirlo. Mandad ahora a la criatura. Probadlo. Como no haya estudiado un master en la materia lo tendrá complicado. Pan de olivas, de cebolla, del Pirineo, de ajo, candeal, sin sal, con pasas, baguette francesa, rústico, chapata, integral, de nueces, de Viena… Eso sí, todos se hacen en la misma máquina. Ésa que está detrás del mostrador, que parece un armario ropero más que un horno. Luego te lo entregan dentro de una bolsa de papel en la que imprimen cosas como: “Este pan está elaborado respetando la tradición de las primeras tahonas medievales, sin aditivos ni conservantes, para que pueda disfrutar de todo su aroma, su textura y su inigualable sabor, según la receta milenaria de nuestros antepasados, traspasada de padres a hijos y de hijos a nietos durante siglos, para que ahora pueda llegar a su mesa y ser compartido con su familia y amigos”. Claro, lees esto y casi te emocionas, pero luego vuelves a mirar al armatoste ése con pinta de armario donde meten los chuscos congelados, y ya no sabes qué es lo que te hace más gracia, si lo de la tradición milenaria o lo del inigualable sabor.
¿Qué está pasando?
Bueno, yo sé lo que pasa. Que ahora los niños ya no traen un pan debajo del brazo. Ahora vienen con vinagre de Módena, crep de bogavante o milhojas de lomo de oca. Menudos nos hemos vuelto.
O a lo mejor es que despreciamos el pan precisamente porque nos sobra. Pues que no nos falte nunca.

7 comentarios:

mezze dijo...

ja ja ja .....muy bueno !!me gusto mucho tu post ....te encuentro toda la razon ....te vendre a ver seguido

Ana dijo...

Yo me crié en un pueblo que teníamos panadero como dios manda, y veías meter y sacar el pan de aquel pedazo de horno... nada que ver con las barras que había en la ciudad, que se nos antojaban de mentirijillas. Yo sigo comprándolo en un horno de verdad. De todas maneras depende mucho de adónde vayas para comer pan de una manera u otra. Por si no se ha notado, son ¿panófila se diría?

El último peatón dijo...

Mezze: Gracias por la visita. Será un placer tenerte por aquí.

Ana: Creo que yo también soy panófilo, y además de los de barra (en Madrid las llamábamos "pistolas", pero supongo que ahora denunciarían al apandero por apología de la violencia).

C. Martín dijo...

Estoy con Anuska, se llama pan a cualquier cosa que nos vendan con forma de barra. Y por muchas variedades de panes que te vendan, no he encontrado nunca fuera de mi tierra el pan lechuguino o el de cuatro canteros http://www.pandevalladolid.com/productos.swf
Cielos, me debo de estar haciendo mayor porque empiezo a entender a mis tíos que cuando iban de vacaciones, se volvían con cuatro o cinco panes.
Porque no tengo ninguna duda que parte de la patria de la infancia se queda en el pan que comiste.

En resumen, ni p... caso al que ni come ni deja comer el pan. Pues sólo faltaría.

letras de arena dijo...

Buen tema nos has tocado. No hay manera de acertar con el pan. Ese armario ropero como tú le llamas debería de hacer por lo menos un pan programado, siempre con el mismo punto de cocción y de sabor. Pero no. Si tan solo uno espera que sea un pan clónico, vamos apañados...Ni eso. Me llevo a casa cada día un pan diferente, pidiendo lo mismo, me llevo un trozo de goma, un churrasco, un rostro pálido, debe ser la nueva panadería creativa. Hasta el pan se ha vuelto incoherente y contradictorio, será cosa de los tiempos...

El último peatón dijo...

Me quedo más tranquilo viendo que mi reivindicación panadera no es un grito aislado en el desierto.
Imaginaos que tengamos que cambiar el tradicional "más largo que un día sin pan" por una horterada del tipo "más largo que un día sin bífidus activo" o "más largo que un día sin leche de soja"... Puag.

Palimp dijo...

¡Viva el pan!

Como el pan de pueblo de Logroño, ninguno. No hay manera de encontrar algo ni parecido en barcelona y cada vez que vuelvo al pueblo me pego unos atracones tremendos. Soy panero, panazas, panadicto, devorador de pan.